domingo, 25 de julio de 2010

SALTA, EL CERRO, LA ERMITA

Qué lindo es volver!

Volver a la raíz!, después de tanta duda y tanta bifurcación que parece nunca terminar: desde mi tronco hacia mis ramas… y más ramas que se dividen en otras, multiplicando los caminos en otras más, que solo llevan a las yemas últimas y nada más!.

Volver a la raíz!, después de tanta vuelta, tanto anillo concéntrico desde el centro de mi tronco hacia mi corteza. Un anillo más cada año que se va. Se va pero me deja ese sedimento de celulosa, ese residuo que me agrega anchura, pesadez, me pone torpe y viejo… y nada más.

Volver a la raíz!, después de tanta corteza mía, áspera, rugosa, dura. Corteza cascaruda que me afea desde afuera y me defiende, me atrinchera, me hace duro y escondido… y nada más.

Volver a la raíz!, después de tanta copa mía y tanta hoja, por allá arriba, que se hace hojarasca todos los otoños y desnudez invernal, y se vuelve a empezar de cero, sin memoria, sin para qué… y nada más.

Volver a la raíz!, después de tanto fruto mío que siempre termina en el suelo, pudriéndose, o en el pico de los pájaros pobladores de mis ramas que se van no sé a dónde y se lo llevan todo. Después de tantas aves que anidaron en mis ramas y que luego sin una explicación emigraron. Aunque parecía la vida llena de nidos y de trinos… después, después de todo, no queda nada…

Ay! cuánto silencio, cuánto vacío en cada invierno! Y hasta la primavera se hace nada, cuando se entiende que aquello es solo esto enmascarado, que los ciclos se repiten y ya se ve, desde el primer día, el final.

Por eso, qué lindo es volver abajo, bien abajo, adentro del silencio del suelo, pegado a la tierra húmeda y al mineral, a lo más básico. A lo más puro, salido de la pureza misma. A los mínimos elementos… y el resto, todo lo demás… que sobre! Que no haga falta! Que venga después, si viene… todo lo demás.

A fuerza de no haber vuelto a mi raíz, ya me voy pareciendo a un inmenso árbol plantado en la superficie de la arena… una máquina de olvidarlo todo, y no dejar nada.

Pero ahora, al volver a la raíz, a Salta, y al hundirme durante horas en este espacio de puro cerro, en este silencio que por los cuatro horizontes se agranda como un eco sordo, de regreso a la ermita, es cierto, es verdad que sobra… todo lo demás!.

Qué lindo es volver a este eje, a este centro donde se hunde mi raíz y se llena todo, todo lo demás, que ahora es nada. Porque todo lo demás: tronco, ramas, hojas, flores y frutos, todo lo que se ve desde afuera, si no está lleno de esto, es solo eso: lo que se ve desde afuera… y nada más!